Las primeras luces del día en las lomas del Escambray son un espectáculo. El sol comienza a asomarse tímidamente y las tonalidades amarillas, más fuertes en algunas lomas que en otras, parecen salidas de la paleta de Van Gogh. Poco a poco la humedad y frialdad de la madrugada van cediendo, comienza el alboroto de los pájaros, se secan los rastros de la lluvia de la noche anterior. Es la hora de salir a cultivar el café.

A las diez de la mañana, en el descampado entre montañas de un vivero de plantas de café, ya hay horas de trabajo previo en la selección rigurosa de las semillas para que den una buena planta madre y, luego, el despulpado del fruto sin dañar la nuez interna. En estas lomas se da mejor ese cultivo porque la humedad es perfecta, y la tierra y la cantidad de sol que recibe, también.

Jibacoa, zona del Escambray que pertenece a la provincia de Villa Clara, reúne todas esas cualidades y allí, desde 1984, la Estación Experimental Agroforestal aprovecha las condiciones hidrometeorológicas y forestales para cultivar más de siete especies de café, genéticamente superior al que se obtiene en otras regiones del país.

El alto valor genético de la semilla que se obtiene en este centro científico –que atesora el mayor banco de germoplasma del café de Cuba, y uno de los mayores del continente– es resultado del trabajo y el esfuerzo de muchos años, cuenta a Granma Ciro Sánchez, director de la Estación.

Esta es una zona de difícil acceso, con pocas comunidades en los alrededores, favorable para que crezca el café. Lo que se produce en el Centro se destina a los bancos de semillas certificadas –que son 13 en el país– para el sistema empresarial, a las plantaciones con un fin comercial, así como para unidades y batallones del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) en las montañas del Escambray.

«La principal mano de obra en lugares como este son los soldados del Ejército Juvenil. Así ha sido desde su fundación (el 3 de agosto de 1973). Tienen una fuerza de trabajo muy organizada, pero los jóvenes no siempre cuentan con la preparación necesaria para cuidar de la planta en las distintas etapas del cultivo», dice.

La mayoría de los jóvenes que cumplen su servicio militar en las unidades del EJT del Escambray, han recibido capacitación en esta Estación Experimental. En los dos años, se han realizado en el centro ocho talleres de una semana de duración, con aproximadamente 25 soldados. Ellos se encargan después de transmitirles los conocimientos al resto de los jóvenes de sus unidades.

Yaoni Vázquez Llerena, soldado de la unidad 3086 del Batallón Cordo Banal del EJT, ubicado a pocos kilómetros de la Estación, es uno de los jóvenes que hoy reciben este curso. Cada mañana, en el vivero de la Estación, limpia las hojas del café, revisa que no haya plagas u otras plantas invasoras que impidan el sano crecimiento de las hojas.

«Mis padres cultivan el café en el patio de la casa, algo común en las familias de la zona. Cuando salga de pase podré enseñarles lo que he aprendido», comenta.

TECNOLOGÍAS DE PUNTA PARA EL CAFÉ CUBANO

Los jóvenes están aplicando en los cultivos tecnologías de avanzada, y así han obtenido variedades de café altamente productivas, con resistencia a las principales plagas y enfermedades, como la Roya, que hoy están afectando a los cultivos del café en la Isla y otras naciones de la región. Yaoni Vázquez, junto a los otros 24 soldados que como él pasan el curso en la Estación, utilizan hoy la tecnología del tubete, una novedad cargada de beneficios productivos, económicos y humanos.

«Esta tecnología es una comodidad –valora el joven–, porque no te obliga a permanecer pegado a la tierra. Ahora es de pie, y la planta sale con mucha calidad».

Esta tecnología brasileña tiene la particularidad de que, en lugar de bolsas, utiliza tubetes plásticos que se ubican sobre un sistema de bandejas. «Así evitamos dañar el suelo, es más compatible con el medio ambiente al no usar el nailon», añade Ciro Sánchez.

La mayor virtud es que reduce fuerza laboral, humaniza el trabajo y hace más simple su traslado. Un solo hombre podría trasladar una cajuela de 54 tubetes por largas distancias sin que le pese o lo canse, reconoce.

A OTROS PARAJES DEL ESCAMBRAY

Las plantas del vivero de la Estación están casi listas para trasladarlas a otras zonas del Escambray. En el Batallón del EJT «Charcón», en la zona del Pedrero, ubicado en la serranía de Fomento, Sancti Spíritus, han preparado diez hectáreas para la siembra del café y esperan por las semillas y plantas del centro científico.

A pesar de lo pedregoso e intrincado del camino, donde las lluvias de la tormenta subtropical Alberto de finales del mes de mayo causaron estragos y deslices de tierra, las plantas del vivero de la Estación atravesarán el Escambray para que los soldados las siembren y cultiven.

Desde que se inauguró hace dos meses, el Batallón se ha dedicado a preparar la tierra para comenzar la siembra. El primer teniente Miguel Alejandro Medina Suárez, jefe de este grupo, asegura que los 50 miembros de El Charcón están muy comprometidos con la producción de café de esta zona, a poca distancia de la histórica Comandancia del Che en el Escambray.

Es imperdonable que no se exploten esas zonas montañosas donde están las condiciones óptimas para el cultivo del café, añade.

El Escambray es uno solo, pero abarca tres provincias: Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara. El Ejército Juvenil del Trabajo está desplegado en todo el macizo montañoso: en El Pedrero, adonde solo se puede llegar en camión o jeep, por lo peligroso y pendiente del lomerío; en las lomas de Cumanayagua, en la provincia de Cienfuegos, donde se asienta el Batallón del EJT «Charco Azul», perteneciente a la granja Cuatro Vientos.

Muchas de las especies que se cultivan en estos lugares también provienen de la Estación Experimental Agroforestal. Acá «garantizamos la siembra, limpia y la poda de ese café», cuenta el mayor Obrei Velazco Fonseca, jefe de la granja estatal Cuatro Vientos.

En estos momentos, los jóvenes se están alistando para la preparación de la etapa de siembra. Con los azadones en mano, «estamos ahora en el proceso de rectificación de hoyos y riego de materia orgánica como fertilizante», explica el soldado Isander Barrios, de 21 años, quien recientemente concluyó el curso de capacitación que ofrece la Estación Experimental.

«Siento que los meses que he pasado en la unidad, trabajando en el cultivo del café, me han preparado para la vida. El día de mañana, tal vez me dedique a producirlo en mi comunidad. Sé que, de ser así, estaré preparado para hacerlo», dice.

LO QUE QUEDA POR HACER

Aún queda mucho que hacer por el café, reflexiona Ciro Sánchez, director del centro científico.

Le cuenta a Granma de los esfuerzos que «continuamos haciendo en las transferencias de tecnologías de países amigos, para obtener altos y estables rendimientos, para potenciar aún más la producción cafetalera del país, que tanto necesitamos».

No es un imposible. «Nosotros en este centro comenzamos sin tener nada. Todo lo que se ve hoy, no existía, las herramientas que usaban eran rústicas, la estructura del local era de madera», recuerda.

La humedad del Escambray, la experiencia de los trabajadores del centro y las manos de los jóvenes del EJT hacen que los cafetos comiencen a arbolar las cimas y las orillas de las montañas.

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El sol se pone poco a poco, se disipan los tonos amarillos, se apaga el sonido de los pájaros, una lluvia fina humedece la tierra. Cierra el espectáculo, pero solo por unas horas. Mañana habrá otro buen día para salir a cuidar el café de la montaña.

Fuente: Granma.cu