La agricultora Vicentina Phocco se recuperó de la tragedia: perdió a dos de sus cuatro hijos en un accidente. Ahora pretende exportar sus granos de café desde Alto Inambari hacia otros países.

Su historia de vida es ejemplar. Vicentina Phocco Palero es una madre puneña que lucha contra la pobreza y vence la adversidad: creció en medio de la escasez, perdió a sus hijos en un accidente, tuvo que dedicarse a la minería artesanal pero la abandonó y optó por el desarrollo alternativo. Ahora cultiva café y afirma que esta actividad es más rentable que sus anteriores ocupaciones.

Vicentina se siente alegre, no solo porque le gusta lo que hace, sino porque acaba de ganar el Premio Mundial al Mejor Café de Calidad, en la categoría pequeños productores, de la feria Global Specialty Coffee EXPO Seattle 2018, en Estados Unidos. "Quiero seguir adelante. Aumentar mis tres hectáreas y media de café para exportar a otras naciones y educar con eso a mis hijos", dice a pocos días de celebrarse el Día de la Madre.

Las chacras de Vicentina y su esposo Pablo Mamani están ubicadas en Alto Inambari, provincia de Sandia, en Puno. Ella es natural de Aricato. El oficio de cultivar café lo aprendió de su suegro en el 2004. "Él inició. A nosotros nos ha gustado, hemos hecho producir bien, hemos aumentado las cosechas", cuenta en un castellano que le cuesta pronunciar, a diferencia del quechua, su idioma materno.

En un día habitual, esta pareja se levanta a las 3 de la mañana. Hace su fiambre en casa y camina unos 30 minutos hasta su finca. Allí trabaja hasta las 4 o 5 de la tarde, regando, deshierbando, controlando las plagas. Gracias a este esfuerzo, producen unos 20 quintales de café por hectárea.

Marca "Quechua"

"Quechua" es el nombre de la marca de café con la que Vicentina ha ganado el concurso internacional en Estados Unidos. Para lograrlo, ella y su esposo han recibido el apoyo de la Central de Cooperativas Agrarias Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa), de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA) y del municipio de Alto Inambari.

Mediante Cecovasa, Vicentina y Pablo venden su café a un precio de 360 dólares por quintal, sin embargo antes lo vendían a 300 soles cada quintal, cuando sus granos "no eran de calidad". El apoyo que han recibido para mejorar su café ha consistido en semillas, abono y capacitaciones en control de plagas, como la roya amarilla, los hongos, la arañera y el ojo de gallo.

"Me gusta plantar café de diversas variedades: typica, catimor, catora rojo, catora amarillo (...) Mi vida ahora es mejor que antes. El café es más rentable que la minería. Varios en mi comunidad están aumentando su producción y mejorándola con el apoyo que nos dan", refiere.

Aumentar y mejorar la producción de café es ahora el objetivo de Vicentina, quien tiene una expectativa mayor: darles con eso una mejor vida a sus dos hijos, una joven de 16 años que estudia en el Colegio Agroindustrial de Putina y un niño de 4 años y medio. La época de cosecha se acerca y nuevamente recolectarán los granos de café cuando haya luna llena. Esta familia ahora vive tranquila, con la seguridad que da el realizar una actividad económica legal.

Fuente: La República