Muchos de los alimentos a los que tenemos acceso con normalidad están librando una lucha por la supervivencia que pueden perder. El cambio climático, la sobreexplotación o las enfermedades son algunas de las amenazas que les acechan, y si no se actúa hoy, mañana ya puede ser tarde. Algunos alimentos no desaparecerán, pero su producción será mucho menor y ello hará que su precio sea inasumible para una mayor parte de los consumidores. He aquí algunos ejemplos: Chocolate El mundo se está quedando sin chocolate. Es duro pero todo parece indicar que el dulce por excelencia puede tener los días contados. Y es que las plantaciones de cacao tienen que hacer frente al cambio climático y a enfermedades. Además, tales plantaciones están siendo reemplazadas por otras cosechas como el maíz y el caucho, de una rentabilidad mayor. Según un estudio del Centro Internacional para la Agricultura Tropical (2014), en Ghana y Costa de Marfil (donde se produce el 53% del cacao del mundo) las temperaturas subirán 2ºC para 2050, lo que reducirá las áreas de cosecha del cacao. Por otro lado las plantaciones de Costa Rica tienen que hacer frente a enfermedades como la moniliasis, mientras que las de Brasil se vieron reducidas por otras afecciones víricas. La situación empeora si se tiene en cuenta el alto consumo de mercados emergentes como el chino. Todo ello hace que la demanda de chocolate sea mayor que su producción, lo que puede hacer que dentro de poco sólo nos queden los recuerdos y fantasías de los dulces momentos que nos ha hecho pasar. Café Un estudio publicado en la revista Plos One, advirtió de que la variedad de café más consumida, el café arábigo, podría desaparecer en 2080. Esta variedad representa en torno al 70% de los 5.600 millones de kilos de café que se producen al año. El estudio se realizó teniendo en cuenta las previsiones de cambio climático y de deforestación en las zonas en las que tal variedad crece de forma silvestre (Etiopía y Sudán, sobre todo). Esa situación afectaría también al resto los elementos del ecosistema y a los millones de personas que viven de la producción del café. Aunque gran parte de esa producción procede de derivados y no de la planta en sí, por lo que el café no desaparecería, pero las plantaciones se quedarían en una situación difícil, bajando la calidad del producto cafetero e incrementándose su precio. Plátano Un grupo de científicos de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) ha publicado un estudio en Plos (2015) en el que se asegura que una de las peores plagas para el cultivo del plátano, conocida como el "mal de Panamá" o fusariosis del banano, se está extendiendo desde el este de Asia amenazando a las plantaciones mundiales. Dicha enfermedad es causada por el hongo Fusarium oxysporum, el cual puede exterminar el cultivo por completo. El hongo ya se ha extendido por Pakistán, Líbano, Jordania o Mozambique (entre otros países) destruyendo unas 100.000 hectáreas, y se teme que llegue a América Latina, en donde se produce la mayor parte de los plátanos que se consumen a nivel mundial. Lo peor de todo es que aún no existe un tratamiento eficaz contra este hongo, el cual si se extiende hará que más de uno se obsesione con su fruta favorita cuando ya no pueda disfrutarla. Cerveza La mayor parte de la cerveza es agua, por eso las mejores cervecerías cuentan con un buen suministro de agua de calidad. Pero las predicciones en torno a los recursos hídricos no son nada esperanzadoras. El Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de 2014 asegura que en 2050 la demanda mundial de agua aumentará un 55%, incrementándose la presión sobre la accesibilidad a este recurso hasta tal punto que un 40% de la población mundial vivirá en zonas con severos problemas hídricos. Incluso países desarrollados como España, Alemania o Reino Unido sufrirán estrés hídrico. Esto complicará la producción de la cerveza en su composición y en el cultivo de sus materias primas como el lúpulo y la cebada. Una de las variedades más afectadas será la cerveza alemana, por la ley de Reinheitsgebot (o pureza), por la que sólo se puede utilizar en su fabricación agua, malta y lúpulo; ingredientes cada vez más difíciles de obtener. Atún rojo Según un estudio publicado por WWF (2009), el atún rojo del Atlántico oriental y Mediterráneo está cerca de dejar de comerciarse debido a su captura masiva y al descenso de más de un 85% de la población de reproductores. Hasta hace poco, este atún ha sido abundante. Tal vez se deba a que su sabor una vez cocinado no es de los mejores y, por tanto, no ha sido uno de los pescados más codiciados. Pero los japoneses lo convirtieron en uno de los más rentables al prepararlo crudo, pudiéndose saborear mucho mejor su carne, lo que ha incrementó su demanda hasta llegar casi a su extinción comercial. Esto a su vez ha producido un fortísimo encarecimiento del producto. Vino Si no fuera poco con la cerveza, el futuro del vino también está amenazado. Según un estudio publicado por la revista PNAS en 2013, las áreas aptas para el cultivo de viñedos (Mediterráneo y zonas de Chile, California, Sudáfrica y Australia) decrecerán unas tres cuartas partes hacia 2050 debido al incremento de las temperaturas y a la disminución de las lluvias. Aunque antes de que se publicase este tipo de estudios, los vinicultores ya notaron cambios drásticos como que la uva madurase semanas antes de lo previsto. Pasta italiana Cuenta la leyenda que el célebre Marco Polo trajo desde China a Europa la pasta arraigando su preparación y consumo primero en el norte de la actual Italia. Con el paso de los años, los italianos se especializaron en su elaboración hasta hacer de la pasta uno de los principales reclamos de su gastronomía. Este alimento surgido de la mezcla de agua con cereal molido obtenido sobre todo del trigo, puede estar amenazado por el cambio climático en el país que más fama le ha dado. Y es que el incremento de las temperaturas imposibilitaría el cultivo de trigo en la mayor parte de Italia a finales de este siglo. Lejos pueden quedar las cenas románticas con un buen plato de pasta italiana. Miel La miel es uno de los manjares que elabora la propia naturaleza. Las abejas obreras recorren largas distancias para extraer el néctar de las flores y regurgitarlo en la colmena, donde pueden coexistir hasta 80 mil ejemplares. Estos insectos están expuestos a multitud de riesgos (cambio climático, uso de pesticidas, extensión de los grandes monocultivos, contaminación...). Si no se protegen, desaparecerán y, por tanto, la miel dejará de ser parte de nuestra dieta. El problema puede ser mayor si se tiene en cuenta que el 70% de los alimentos que consume el ser humano dependen de la polinización de las abejas, siendo además parte esencial del ecosistema de otras muchas especies. Incluso se ha calculado que la aportación de las abejas a la economía mundial es de 260.000 millones de dólares. En definitiva, si no se actúa para preservarlas, cada vez será más difícil acceder a muchos de los alimentos de los que hoy gozamos.

  • Fuente: http://www.elmundo.es/f5/2016/02/07/56b3bacee2704e44618b463d.html
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