Desafía las buenas maneras en nutrición, pero sus fans dicen que adelgaza y mantiene la energía durante todo el día. Se llama 'bulletproof coffee' ('café a prueba de balas') y es un café con dos cucharaditas de mantequilla ecológica sin sal y una cucharadita de una mezcla especial de aceites de coco y palma, que decenas de miles de urbanitas norteamericanos toman ahora para desayunar. Su creador es David Asprey, un ejecutivo de Silicon Valley que viajó al Himalaya, tomó té con mantequilla de yak (un bóvido tibetano) un día de desfallecimiento y, tan energizante le resultó, que adaptó la receta y vendió la idea en su país, con un café patentado por él. Por sorprendente que parezca, el producto ha tenido un éxito bárbaro. Su web supera los dos millones de visitas y más de 20 millones de personas se han descargado los consejos nutricionales de Asprey. La teoría sobre el poder adelgazante del 'bulletproof coffee' es la misma que la de la dieta Atkins: como el cuerpo no tiene reservas de hidratos por la mañana, se ve obligado a quemar grasa para obtener energía. "La combinación de grasas de este café ayuda a controlar el apetito y el peso y aumenta los niveles de energía y alerta durante al menos las seis horas", asegura Asprey. Mientras se lanza en España, puedes preparar tu propia versión en casa, mezclando café (mejor ecológico) con 2 cucharaditas de mantequilla sin sal (mejor de ganado criado en libertad) y una cucharadita de aceite de coco virgen. Luego lo bates todo y tendrás una especie de café con leche espumoso y muy cremoso. Médicos y nutricionistas ya lanzan dardos contra esta moda. Dicen que una taza de café con mantequilla no sustituye a un desayuno equilibrado y que la gran cantidad de grasas saturadas que contiene (en la mantequilla) es todo menos saludable. Declaran incluso que "las propiedades que le conceden son un mero efecto placebo". Muy consumido en el Tíbet (6 o más tazas diarias por persona) el té de mantequilla de yak es una bebida ancestral que se elabora batiendo té, sal y agua con mantequilla de ese animal. Los tibetanos dicen que es muy saciante y que les ayuda a mantenerse hidratados en esas regiones de gran altitud, y hay estudios que lo certifican. El problema es que la mantequilla de yak no es la de vaca, y que su dieta, su estilo de vida y su clima no son los nuestros. En resumen: que lo que vale en el Tibet valga aquí y con productos de aquí es algo que está por demostrarse.