En el kilómetro 166 de la carretera Federico Basadre, más conocida como Aguaytia - Boquerón, en el distrito Padre Abad, provincia del mismo nombre, se encuentra la única planta de fermentado y secado de cacao en la región. Esta zona, como muchas otras de la selva, fue azotada y embestida por un largo periodo de tiempo por dos olas de horror, atrocidad y cobardía: El narcotráfico y el terrorismo. Pero como el ave fénix, Ucayali ha resurgido de una manera admirable y poco a poco esa ave va tomando un vuelo cada vez más alto. Varias han sido las variables para que este resurgimiento tome cada vez más fuerza. Dentro de ellas, el boom de la agroindustria, con sus productos bandera como el camu camu, el plátano, la palma aceitera y, cómo no, el preciado cacao, el cual cada vez va ganando más terreno, literalmente. La proyección en torno a este producto es enorme En el trayecto de la ruta del cacao, producto bandera que lanzará la región, nos encontramos con las instalaciones de AMT Agroindustrias, y muy amablemente nos recibe Harry Mestanza, gerente de planta, quien junto a su hermano Edgar Mestanza, encontraron en la producción del cacao no solo una oportunidad de negocio, sino -y seguramente más importante- la oportunidad de activar un círculo virtuoso en torno a la producción de calidad de este fruto. El proceso de producción del cacao no es cosa fácil. Atraviesa diferentes etapas para poder tener los más exquisitos productos de chocolate en las mesas más exigentes, por lo que el cuidado y la meticulosidad deben ser primordiales durante el proceso. Así lo entienden los hermanos Mestanza, quienes reconocieron la potencialidad de su proyecto, cuando instituciones, tanto públicas como sociales, empezaron a brindar apoyo a los agricultores de la zona, fomentando y promoviendo la siembra del cacao en contraposición de la hoja de coca. Pero vayamos paso a paso. ¿Cuál es la propuesta de ATM Agroindustrias? En realidad es bastante simple: La especialización. Reconocen el indiscutible valor de los procesos de siembra y cosecha del cacao, sin embargo, de acuerdo a las exigencias internacionales, el valor agregado del cacao, en un 60%, es la post cosecha. Es decir, los estándares de calidad exigen que los procesos de fermentado y secado sean impecables y es aquí donde se quieren focalizar. Proponen que los agricultores que trabajan el proceso de cultivo (siembra y cosecha), se especialicen en esta fase, que perfeccionen la técnica con diversas instituciones que vienen asesorando a las cooperativas y agricultores independientes. Lo que se busca es que el mundo ponga los ojos en el cacao amazónico peruano y para ello, necesitamos un grano elegante, perfecto en términos de humedad, temperatura, secado y de color. Esto podría traducirse en una especialización por parte del agricultor sobre sus parcelas, de tal manera que cuente con mayor dedicación y la venta sea inmediata, no esperar los procesos de fermentado y secado que son manuales y donde el tiempo es variable. Esta dedicación exclusiva, les hará entrar al círculo virtuoso de la producción de cacao de primera calidad, como un agente importante en la exportación masiva a mercados tan exigentes como el europeo. La dinámica local existe en los agricultores, generalmente asociados en cooperativas, que llevan sus productos a Lima, en donde, valgan verdades, han tenido cierto éxito. Sin embargo, las cantidades y, aunque duela decirlo, la calidad, no son muy altas. Y es que cuando el agricultor se encarga de los procesos de fermentado y secado el tiempo estimado es variable, ya que estos se realizan de manera tradicional o rústica. El proceso de fermentado puede ser irregular y el de secado depende de la temporada y la posición en la exposición. El riesgo recurrente aquí es que no todas las pepas tienen exactamente el mismo grado de exposición, por lo que la producción final es irregular en temperatura, humedad, y los demás estándares que el mercado internacional tiene en cuenta. Por otro lado, la maquinaria con la que cuenta AMT Agroindustrias se presenta como una herramienta fundamental para cumplir con el riguroso cuidado que estos procesos requieren. Por eso es que los hermanos Mestanza insisten en que la especialización es la solución. Un cacao que no cumpla con los estándares necesarios no responderá a ningún nombre propio, sino que será el cacao peruano y eso, a la larga, nos perjudicará a todos, sostienen. Dicen que las comparaciones son malas, pero en este caso no se puede dejar de hablar de la región hermana San Martín. Esta, es un ejemplo de punche y demuestra hasta dónde se puede llegar. Actualmente, la producción de cacao de Ucayali es, en promedio, 700 kilos por hectárea anualmente. San Martín maneja cifras que quintuplican esta producción, un promedio de 3000 a 3500 kilos por hectárea. Ahora, esto no significa que venga alguien de afuera y decida por los agricultores locales el modo en que se trabajará la producción del cacao. Ante la interrogante de los grandes casos de éxito de cooperativas y vecinos que siembran y producen su propio cacao, Harry Mestanza explica que la propuesta está dirigida para generar un mercado que pueda abastecer las grandes y exigentes demandas del mercado internacional, sobretodo el europeo. La producción a nivel local e incluso a Lima puede ser trabajada de manera más directa, puesto que las cantidades no son masivas, como en el caso de la mayoría de exportaciones. Estamos en otra época, en la época de resurgimiento y debemos ver la riqueza de nuestras tierras como una fuerza impulsora, porque esta es una chamba en conjunto. Y una dulce chamba, por supuesto.

  • Fuente: http://larepublica.pe/turismo/destinos/836600-la-resurrecion-del-padre-abad
  • Enlace: click aquí